Desde la tierra, los colores invocan a los cielos; esas diminutas esencias buscan la luz.
Los rojos, son las memorias del camino recorrido, los tropiezos convertidos en flor y raíces
Los azules, sin preguntar respuestas, son un océano de presencia, donde todo descansa y no necesita defenderse.
Entre unos y otros la existencia danza: tan pronto somos barro, como cielo.
La luz habita en cada instante donde el universo habita. Todo regresa a la Fuente, de la que nunca estuvo separada.







