El proceso creador

Creatividad liberadora

El proceso creador es un punto de encuentro entre realidades internas y externas, en donde realidad, espacio y tiempo se suspenden. Entraña una experiencia visionaria, puesto que el artista visita lo no manifestado, aquello oculto.

Durante el acto creativo se diluyen las estructuras establecidas, para recrearte de una forma diferente. Hay un anhelo de encontrar un espacio propio de subjetividad, de expresión original y de reconocimiento de la existencia.

El lenguaje del alma, es el lenguaje de las imágenes. La imaginación es un espacio entre la tierra y el cielo. Un lugar sólo percibido por el ojo del corazón, en donde los espíritus se corporifican y los cuerpos se espiritualizan.

Cada acto creativo (cuadro) es una proclamación de identidad puesto que es “único” y a su vez una comunicación con el entorno. Es un espacio para crearse a través de la experiencia. Te acompaña a una escucha profunda, a asumir riesgos y atreverse al cambio. Esa mirada interior posibilita aceptar las emociones. Todo ello libera de la tensión a la que normalmente estamos sometidos.

Pintar es crear, compromete al cuerpo e implica una acción sobre el mundo que a su vez modifica el mundo interno. Además permite reconocerte como protagonista de tu propia historia.

La pulsión creadora tiene la capacidad de ensanchar en nuestro psiquismo espacios de libertad y trascendencia.

La creatividad no está sujeta al paso del tiempo, siempre está presente: desde niños hasta que nos morimos. Es una capacidad que no merma.

 

 

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One Response to El proceso creador

  1. Avatar letterabcn
    letterabcn says:

    En ocasiones, nos intimida descubrir lo oculto. Sin saberlo, al reconocerlo, estamos creando.
    Creo desde el inconsciente, sin saber si “mi creación” tendrá sentido. Por suerte, en el momento creador, tengo la voluntad de prescindir del juicio.
    Mi fin: mesurar la aparición de la mente; mi realidad: la inconmensurabilidad de lo nuevo. Atreverse a no medir y liberar la parte creadora, asusta, pero gratifica, recompone y equilibra. Abandono así el temor a lo desconocido.
    Un momento de libertad sin acotación alguna ya es un logro. Es cuando descubres que vale la pena abrir los ojos. Para cerrarlos, ya no hay tiempo.