Una danza de colores se desliza por el lienzo, elevándose como chispas de un fuego invisible. Las líneas vagan libremente, tejiendo susurros de movimiento y emoción. Nada tiene nombre, pero todo se siente vivo: un pulso abstracto que invita a la mirada a vagar, a respirar, a soñar en medio de su vibrante tormenta.
Los granos de mineral esparcidos por la pintura, van creando sutiles significados.







